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Se
llama Barlovento esa tierra y esas costas que se inclinan hacia el mar en el
norte de Venezuela entre Cabo Codera y el lago de Unare donde los vientos
marinos soplan con vehemencia.
La región de barlovento fue objeto durante la colonización de diversas
exploraciones en la época del mercantilismo. Años más tarde se convirtió en
una zona agrícola que sus productos además de satisfacer las necesidades de
sus habitantes alcanzaba para cubrir un porcentaje elevado de la exportación
durante la colonia.
La fama del cacao de barlovento fue determinante para que viniera al país la
compañía guizpucoana. Las costumbres de barlovento están relacionadas con
las labores agrícolas, con la producción del campo, las jornadas del trabajo
y la construcción de viviendas de bahareque. El barloventeño es muy apegado
a su región, pero sus ingresos como productores escasamente alcanza para
cubrir sus necesidades mínimas y esta ha traído el éxodo de los jóvenes en
busca de mejor trabajo y mayor remuneración.
El cultivo tradicional en la región, en la época colonial fue el cacao, la
calidad del fruto y el elevado precio que se cotizaba, proporcionó grandes
beneficios en los terratenientes o propietarios de fincas, pero con el
tiempo al bajar los precios vino el abandono y el descuido de las labores
del cultivo, se perdieron las haciendas y los agricultores o conuqueros se
dedicaron a la siembra de cambures, plátano, caraota, frijoles, maíz y
algunos otros tubérculos como yuca, ñame, etc.
La época brillante del cacao pasó a formar parte de la historia de la
región.
Barlovento tiene una gran manifestación folklórica que se realiza con un
gran fervor; esta costumbre tradicional de extendió en esta región con la
llegada de los negros africanos y congoleses expresada por el repicar del
mina y tambor redondo, porque su sonido hablaba de hechizos, guerras
religiones y violencias; los negros con estos ritmos que tenían en la sangre
adoraban los dioses y rendían culto a su santo protector.
Los tambores africanos desembarcaron por el Cabo Codera en Higuerote y los
trajeron en las sentinas de los barcos guerreros quienes fueron llevados a
Curiepe y luego fueron extendiéndose a otros lugares internándose en las
selvas. La raza negra fue traída para realizar el trabajo que no podían
hacer las razas indígenas, a su llegada fueron utilizados en el cultivo de
cacao, café y caña de azúcar, tocaban tambor cuando sus amos se lo
permitían, el mina fue su mejor aliado. Tocando y bailando tambor,
comenzaron a sublevarse para sacudir el yugo de la esclavitud; los negros
tocaban tambor y hacían brujería.
Durante el invierno el tambor dormía arrinconad, en mayo comenzaba a
despertar y al entrar el mes de junio se aceleraban los toques preparatorios
hasta que al fin estallaba la víspera de san Juan.
El tambor pertenece al mundo de la magia y esto los trajeron los negros en
sus entrañas
El culto a san Juan en sus diversas manifestaciones es una de las fuentes
mas importantes de nuestro folklore. El pueblo venezolano educado en la
religión católica ha unido de manera peculiar bailes, costumbre, e
instrumentos musicales con los actos que corresponden a sus santos.
El culto a san Juan bautista que abarca una buena porción del territorio
nacional en su parte norte, ha sido uno de los mas populares en los campos y
pueblos barloventeños.
Los esclavos trajeron con ello recuerdos y costumbres de su tierra, una de
ellas ligada universalmente al sol y la abundancia agrícola, es decir
reconocido origen agrario, se daba el 24 de junio relacionado con el
solsticio de verano, el día mas largo del mundo, en estas tradiciones forma
parte la dulcería criolla, el beso, la torta y el carato de arroz.
Otras expresiones folklóricas utilizadas en barlovento es la fulía que se
canta en los velorios de cruz en el mes de mayo que se remontan en la época
colonial con recursos melódicos de la vieja España donde se destaca la
décima estrofa usada en forma poética donde los decimistas hacen alusión a
la santísima cruz de mayo o a cualquier acontecimiento.
El velorio de cruz tiene sus instrumentos típicos: la tambora, el cuatro,
las maracas y el guiro. En los campos tradicionalmente acostumbran vestir la
cruz en el patio de la casa, unos la adornaban con flores y otros con
papelillos o frutas.
Eladia Espinoza de Carrer - Cronista del Municipio Andrés Bello.
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